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UN PERDÓN PROFUNDO Y UN ADIÓS VERDADERO.

  • Foto del escritor: Eve M.
    Eve M.
  • 30 may 2018
  • 6 min de lectura

Que necia soy.


Pero aún en medio de mi necedad y terquedad Dios sigue siendo Misericordioso y dándome esa gracia inmerecida.


Este fin de semana Dios me dio una gran lección. Si has leído mis blogs anteriormente, siempre te he contado de como Dios me ha hablado con una canción, un gesto, una mirada, un cielo gris o azul, un detalle. Pero hoy fue un tanto más directo porque vio que si no era así, no iba a entender.


No sé qué tanto crees en profecías, en revelaciones de sueños, dones sobrenaturales, lenguaje del cielo, pero yo siempre crecí con esa sed de conocer más de estas cosas a pesar que personalmente nunca las había experimentado. Créeme, que después de escuchar, ver tanto y vivir lo que viví hace solo un par de días, te puedo decir que Dios es un Dios real, es el mismo ayer, hoy y mañana y que ese Dios poderoso de señales y milagros no solo esta encajonado en esas páginas de la biblia o solo mostraba quien era a las personas del antiguo y nuevo testamento. Créanme, el habla audible, clara y precisamente si es necesario.


Escuche estas palabras a través de una profecía única y directa para mí: “Un perdón profundo y un adiós verdadero”.


Aquí como me ves, en medio de mis entregas de la tienda, en medio de las cosas que compartía en redes sociales, en medio de mi vida de oficina y gajes cotidianos del oficio, en medio de mis comentarios y en medio de esas fotos que viste en “The Alabaster Jar” se encontraba una hija de Dios con el corazón roto. Una hija de Dios que gritaba por un milagro de sanidad, un milagro de justicia. Un milagro para su corazón y respuestas a miles de preguntas. Una restauración y liberación de mi vergüenza


¿Te has sentido ofendid@? ¿Manipulad@? ¿Que te han mentido? Que te han querido ver la cara? ¿Que se aprovecharon no solo de ti si no que de todas las personas cercanas a ti? ¿Que se burlaron de tu inocencia y tu capacidad de perdonar? ¿De tus sueños, de tus palabras, de tu pureza, de tu corazón? ¿No te valoraron y te dieron por sentad@?. O Quizá ¿hubo hipocresía?, ¿hablaron a tus espaldas?.  Sé que no soy la única y después de las respuestas y mensajes privados que recibí de mi último blog, Dios me movió a escribir esto. Su promesa para mí, es la misma para ti: “Estoy haciendo algo nuevo. ¿Que no lo ves? Un perdón profundo y un adiós verdadero”.


Perdonar siempre fue algo que daba y pedía con naturalidad, jamás tuve una lucha con esto, hasta que me vi en medio de esta situación, que ante mis ojos era horrible pero ante los ojos de Dios era una poderosa lección. Yo pensaba que sabía todo lo que tenía que saber acerca del perdón, yo y mi ego de “cristiana corre(débil)cta”, yo y mi modestia… pero no sabía nada. Este es un tema extenso y profundo.


Estos no son “pasos” mágicos para perdonar (ojala existieran). Sin ningún orden en específico, esto es lo que he aprendido –hasta hoy- :


El perdón es más difícil y lento si NO hay un arrepentimiento verdadero por parte de la persona que te ofendió.

Por MESES había estado esperando un mensaje, una llamada, un acercamiento y escuchar esas palabras mágicas: “Lo siento mucho”.  A veces la ofensa ha sido tan grande que ni eso es suficiente, pero de cierta forma ayuda al proceso de sanidad. El mismo Jesús nos habla de esto:

“Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y SI SE ARREPINTIERE, perdónale.” -Lucas 17:3

No te culpes ni sientas que hay algo malo contigo porque vas caminando a paso de tortuga, esto no es de la noche a la mañana. Pueda que esas palabras nunca las escuches, pero no puedes estancarte por eso. Date tiempo de entender el proceso de Dios, si bien es más largo por esta condición, no significa que tu sanidad no llegará.

Y si ese día glorioso llega (o ya llegó) y todo orgullo y todo temor se rompe, dale gracias a Dios y recibe esa disculpa con los brazos abiertos. No hay mejor sentimiento que ese.


¿Sientes sed de venganza? Respira.

Número uno, la palabra venganza no existe en el lenguaje de un hijo de Dios.

Si bien existe esa justicia divina, no la anheles ni la pidas, Dios tendrá su proceso con esa persona. Ni la salvación puede librarnos de las consecuencias de nuestras acciones. ¡Descansa en Dios! Deja que Él luche tus batallas y te de la victoria. Y por victoria no quiero decir que se le va a caer el pelo o un diente, le vaya mal en la vida o le pase algo que lo haga sentir como te hizo sentir a ti. Por victoria quiero decir la sanidad completa de tu corazón. y ¿que mayor victoria que eso?

Respira, No tienes por qué enviarle palabras ofensivas o buscarle para “desahogarte” si es solo para bien tuyo. Deja que Dios le exhorte, le va a calar más, créeme.

“Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.” –Éxodo 14:14


Dios no toma lados.

Esta lección va conectada a la que acabas de leer. Sé que quisieras que Dios estuviera de tu lado todo el tiempo. Pero quiero recordarte que aquí Él está al lado de los dos. Su Amor, Misericordia y Gracia no es solo tuya, suelta ese pensamiento que “yo tengo que ser el único que este bien”. Ese pensamiento no es del Reino de Dios. Sé que es difícil, pero no hay nada más liberador que desearle el bien a esa persona que te hizo daño. Eso es el reino. Si alguna vez le tuviste amor a esa persona, ¿que mejor forma que demostrársela que esta?.


Diste, no lo pidas de regreso.

Si has dado con un corazón sincero y con pureza, no te arrepientas de lo que diste si algún día sientes como si no lo valoraron. No dejes de dar, sigue adelante, es Dios en ti.

Y si sientes que diste más de lo que debías, por favor, ¡no dejes que la vergüenza te ataque! ¡Hay libertad en Jesús!


Toma tu distancia.

Si es un compañero de trabajo o alguien a quien no puedes evitar verle, siempre hay formas de evitar un contacto directo con esa persona y sé que Dios te dará la respuesta. Pero a veces hay que tomar acciones que nos darán esa distancia y el tiempo para lograr sanar y que ese perdón venga a nuestros corazones. Yo tuve que tomar decisiones muy difíciles para lograr tener ese espacio que mi corazón gritaba tener. No es inmadurez alejarte por un tiempo, presionar ese botoncito de “bloquear” o evitarle, es necesario. “El tiempo lo sana todo”.


Un adiós verdadero o una reconciliación del cielo

Aquí hay dos caminos. Tu sabes muy en el fondo que es lo que tienes que hacer, si decirle adiós a esa persona porque simplemente no encaja en los planes de Dios para tu vida y desearle lo mejor, o una reconciliación necesaria y de sanidad, de poder, porque hay un propósito que se tiene que cumplir con esa relación u amistad, porque sabes que tu orgullo está evitando ese perdón. Tú sabes muy en el fondo que es lo que tienes que hacer o lo que tendría que pasar para que esto se dé (los milagros existen). Y si no lo sabes, lo bueno es que Él sí. Abre tus ojos espirituales y comienza a ver esas señales que está dándote. No hay nada que puedas decir, hacer, o lugar adonde ir, la voluntad de Dios se va a cumplir aunque patalees, llores o reclames algo que no era. Descansa en Él. Él ve el cuadro completo, tu no.


Quiero decirte que no estás solo. Esto no es algo que escribí para decirte: “Ya perdone y me siento libre”. No, sigo en este proceso también, pero luego de clamar, de esperar y de un par de caídas en el camino, puedo al fin ver la luz al final del túnel y me emociona saber que está del otro lado.


“Marcha hacia adelante, se libre”.


P.D. Este mensaje va para ambas partes. Si tienes alguien a quien pedirle perdón, se da el momento, estas verdaderamente arrepentido, hazlo y ayuda a esa persona a ser libre. Y se libre tu. Se como Jesús.

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