top of page

PERDÍ MI RELOJ.

  • Foto del escritor: Eve M.
    Eve M.
  • 1 abr 2019
  • 3 min de lectura

Recuerdo perfectamente cuando compre mi primer reloj. Tenía presupuestado gastar un monto en específico y la búsqueda de mi reloj perfecto comenzó y fue bastante fácil. Lo vi en la vitrina y supe que era el mío, es como esa sensación de seguridad, de que tu “inversión” irá en el lugar correcto. El color, el tamaño y el precio eran perfectos.


Mi Casio de acero inoxidable y yo hemos sido inseparables. Viajes, triunfos, fiestas, derrotas. No sé si eres de esas personas que simplemente no puede salir sin su reloj.


Luego de tantos años ese reloj ya se había vuelto tan parte de mi rutina que poco a poco llegó a ser algo “simple”… hasta que se perdió.


No se cómo, ni donde, pero PERDI MI RELOJ.


Era tan raro salir de mi casa, me sentía como incompleta.


Lo busque por TODAS partes. Le di vuelta a mi cuarto, a mi taller, a mis pensamientos de cuando había sido la última vez que lo vi y adonde pude haberlo perdido. Hasta que me di por vencida.


Comencé la tarea de buscar su reemplazo y fue difícil. Unos eran muy grandes, otros eran preciosos pero demasiado caros, otros no terminaban de convencerme. No encontraba algo que me gustara, pero sabía que Dios iba a proveerme de alguna forma y que algún día iba a poder comprar algo que de verdad me convenciera, sé que es algo bien superficial pero yo soy de las que cree que Dios se preocupa hasta por esos detalles tan mínimos. Especialmente si son tan importantes para ti.


Esta semana Dios me ha estado hablando de “resucitar” algo.


En la biblia podemos encontrar este milagro de la resurrección en varias ocasiones y no solo con Jesús. Hay dos historias que Dios me ha mostrado estos días que son la de Lázaro y la de Eliseo y la Sunamita.


Escuche un giro interesante acerca de la historia de Lázaro en una prédica. Se enfocaba en sus hermanas y cómo reaccionaron ante su muerte. “Jesús, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto”… Algo así como diciendo “Jesús, has venido tarde”.


En la historia de Eliseo y la Sunamita, Eliseo le profetiza a esta mujer que va a tener un hijo y ella responde con un: “No juegues así conmigo” un año después queda embarazada y tiempo después su hijo muere. Busca a Eliseo y le dice: “Yo no pedí esto”.


Hace un par de días recibí una llamada de mi mamá en mi oficina y me dijo: “Solo te quería decir que encontré tu reloj”.


Ya lo había dado por perdido. Sabía que ya no iba a encontrar algo igual y tenía que conformarme con otra cosa, algo quizá más caro y probablemente más lindo, pero que nunca iba a ser lo mismo. Pero apareció otra vez y mientras escribo esto, lo tengo en mi mano.


Creo que esto pasa con algunos de nuestros sueños y promesas o aún hasta con nuestros corazones.


Al principio todo parece que va bien, vemos la meta o nos imaginamos nuestro futuro y sabemos con seguridad que viene de Dios. Y luego algo pasa, quizá le perdemos amor o le damos demasiado valor, se vuelve algo rutinario o tal vez ese sueño se vuelve el centro de nuestra vida (y no Dios), o pasa cualquier otra cosa fuera de nuestro control y de pronto esa promesa muere o nuestra relación con Dios se enfría y ya no somos lo que éramos.


Y tratamos de buscar alguna explicación de porqué, tratamos de recordar los pasos que dimos mal para causar la muerte de algo tan importante, hasta que nos damos por vencidos y aceptamos que quizá nuestro propósito era otro o Dios quizá tiene un plan aún mayor, pero en el fondo no logramos comprender porqué algo tan especial tuvo que morir y decimos “Quizá si hubiera estado más cerca de Dios, Él hubiera hecho algo” o “Me dieron una palabra que ni siquiera pedí y puse toda mi confianza en eso y ahora esto pasa”.


Pero no se acaba hasta que se acaba.


Lázaro resucitó y el hijo de la Sunamita también… y Jesus vive.


Realmente no sé si Dios tiene algo más lindo y más valioso en mente, probablemente sí. Pero quizá Dios aún no ha terminado Su trabajo. Quizá Dios tenga que resucitar algo en nosotros, quizá tenga que darle vida a algo que parece muerto.


Qué y si de repente un día Dios te llama y te dice: “Hijo, lo que habías dado por perdido, por muerto, tiene vida aún”.


” Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.”

y luego clamó a gran voz: “!Lázaro, ven fuera!” -Juan 11

Comentarios


bottom of page