Un día gris soleado
- Eve M.

- 3 jul 2017
- 3 min de lectura

Capri es una isla en la costa italiana conocida por su estilo “pintoresco”, sus botes a la entrada y su mar azul como el cielo.
Hace aproximadamente dos años, tuve la gran bendición de poder estar ahí.
No sé si todos son así, pero a veces, cuando estas emocionado por algo, creas películas en la cabeza de lo que va a pasar y cuando llega la realidad pasa todo lo opuesto.
Compré el boleto a Italia un mes antes y todos los días me imaginaba como iba a ser ese viaje, las fotos que me iba a tomar para el Facebook (haha), la ropa, la comida, los lugares a donde iba a estar y mi día soleado perfecto en Capri.
Ya en Italia, al segundo día de mi viaje, todo iba acorde a los planes y estaba lista para mi próximo destino y el que más añoraba. Ese día desperté con una mañana lluviosa, de igual forma decidí continuar con el plan y ser positiva.
El viaje hacia la isla fue todo un desastre. Sentía que estaba en una película de rápido y furioso versión marítima, no sé cómo no salí volando de ese bote. Pero llegue viva.
El día pudo haber estado gris, pero al bajarme en el muelle y ver esa ciudad pude ignorar eso y el viaje a mil por hora que había tenido que sufrir para llegar hasta ahí. El lugar era justo como en las fotos y exactamente como me lo imaginaba.
Después de explorar un poco, me dispuse a subir a la cima para poder apreciar esa vista de la que todos hablaban. Comencé a caminar y caminar… y subir un millón de gradas y a seguir caminando… de la nada escuché un ruido que sonaba como un tren y al ver a mi izquierda me di cuenta que efectivamente existía un tren cremallera para subir hasta la punta, y ahí estaba yo, cansada, sudada, con dolor en los pies y con ganas de gritar. Había perdido no solo fuerzas sino que también tiempo. ¿Cómo es que no me di cuenta que existía una forma más fácil de subir? Decidí sentarme, respirar profundo y continuar mi camino. Al seguir subiendo comencé a notar la belleza de las calles de piedra, la originalidad de las casas y la amabilidad de la gente. Si hubiera tomado ese tren es probable que no hubiera podido experimentar todo eso.
Y llegué. Había una banca esperándome y al sentarme sola, comiéndome mi sándwich gratis con ensalada Caprese (en Capri), mientras apreciaba esa vista majestuosa sin una tan sola nube gris, escucho a un turista con un talento impresionante a lo lejos cantando “Nessun dorma”, mi canción favorita de ópera de todos los tiempos y pienso… Esto es mejor de lo que imagine, quizá el camino fue difícil y ni parecido a lo que hubiera querido, pero lo que me esperaba al final es mejor de lo que soñé.
Y vi Tus ojos en ese mar azul, mirándome con amor diciéndome “yo tomo tus planes y los hago mejor de lo que algún día soñaste, guarda este momento conmigo en tu corazón”.
Y aquí estoy dos años después, en la oscuridad de mi cuarto, con lluvia como la mañana de ese día y a pesar de todos estos meses de mucho caminar, obstáculos y llagas en el corazón, sé que estás conmigo, me muestras la belleza en medio de este momento y me esperas en la cima de mis sueños con algo mejor. Siento Tú amor y Tú voz confirmándome que todo va a estar bien.
Porque contigo no necesito un tren, ni un camino fácil, ni un día soleado, porque a Tú lado, a pesar de lo que me rodea, veo un mar azul.
“Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos…” -Isaías 55:8


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