top of page

Se habla Caliche

  • Foto del escritor: Eve M.
    Eve M.
  • 7 jun 2017
  • 3 min de lectura


Imagínate conocer a un Americano que de entrada te diga: “Ay púchica”. Pues así es el pastor que casó a mis papás. Es una persona con un excéntrico y único estilo de la moda, un pelo lleno de años de sabiduría y español casi perfecto con un toque de vocabulario salvadoreño, resultado de compartir varios años junto a mi papá, el rey del diccionario caliche.


El junto a su esposa vivieron como misioneros por muchos años en El Salvador y tenemos la bendición de verlos una vez cada cierto tiempo. Siempre están viajando mucho.


Hace un par de semanas nos volvimos a reencontrar y tuvimos la oportunidad de ponernos al día. Hablamos por horas, pero algo que me impacto mucho fue su atención. No sé si era porque tenían que poner más atención de lo normal por estar en medio de una conversación en otro idioma o porque realmente estaban interesados en cada palabra que hablábamos.


Durante este tiempo de espera, Dios me ha quebrantado y ha despertado cosas en mí que habían estado dormidas por años. Y con toda la honestidad del mundo tengo que confesar algo.


No soy una mujer de oración. Así de simple.


Si tengo que señalar una de mis muchas debilidades dentro de mi vida espiritual es sin duda eso y recientemente este tema en específico ha estado buscándome en todos lados y en cada momento.


Este fin de semana meditaba de las muchas oportunidades perdidas y tiempo desperdiciado que pude haber usado para hablar con Él. Pero no es tarde.


Hace un par de años me di cuenta que entre las personas acostumbramos a decir la frase: “Voy a orar por ti” o “Voy a estar orando por eso”. Y no lo hacemos. Bueno, al menos yo no lo hacía, se me pasaba la vida y jamás oraba por lo que había dicho que iba a orar o por la persona que me lo había pedido y decidí mejor no decirlo si no lo iba a hacer.


Orar es parte fundamental en la vida de un cristiano y deberíamos hacerlo a diario y en todo momento, la lista de acciones de gracias y peticiones es interminable. He escuchado testimonios de personas que hablan del poder de la oración y he tenido la oportunidad de llenarme de oraciones tan llenas del poder de Dios que sentís que el cielo se abre.


Un día de estos, durante una de esas conversaciones del corazón con mi mamá le pregunte: ¿Te recordas de alguna una oración que te haya impactado?


Mientras respondía mi pregunta y me contaba la historia de esa oración, mencionó tres características importantes: “fue auténtica, fue real y sobre todo sencilla”.


Siempre he admirado a las personas que al momento de orar se escuchan como si estuvieran recitando un poema, son oraciones hermosas y con palabras sacadas como de algún libro de literatura antigua y por mucho tiempo pensé que así era la forma en la que Dios quería que orará. Pero no, Él solo quiere que hablemos con Él y que nos acerquemos con humildad y corazones sinceros.


Lo hermoso de estas conversaciones es la forma en la que Él nos escucha. Su amor y completa atención esta sobre nosotros y escucha cada palabra que le decimos.


A Él le encanta escucharnos.


Nosotros somos Sus pies, manos (y oídos) en esta tierra y como lo había dicho antes, Él puede hacerlo todo solo y no necesita usarnos pero quiere. Durante esa conversación con el pastor vi a Jesús, sentí su amor y su atención plena y con un gesto tan pequeño algo cambio en mí y me impacto mucho. Hay muchas personas que nos buscan para hablar o contarnos algo y es un privilegio muy grande, dejemos el celular y nuestras cargas a un lado y por un par de minutos, escuchemos como Él nos escucha a nosotros. Somos parte de una revolución de amor que tuvo sus inicios hace miles de años y debemos mostrar con nuestra vida esa historia con cada persona que podamos.


Oremos, escuchemos y sobretodo mostremos que Él está aquí y que Su amor permanece para siempre.


Y no olvides esto:

A Él le encanta escucharte.

 
 
 

Comentarios


bottom of page