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¿Porqué ellas sí y yo no?

  • Foto del escritor: Eve M.
    Eve M.
  • 19 dic 2017
  • 3 min de lectura


¿No te ha pasado que hay una canción que has oído un par de veces pero sin realmente escuchar? Que un día simplemente comienzas a ponerle atención a la letra y la entiendes, te sientes identificado y comienza a tener otro sentido.


Pues a mí me pasó con una hace poco, al ponerle atención me recordó de un momento bien especial y sentí que tenía que compartirlo contigo.


Recuerdo estar en mis clases de Máster imaginándome como sería mi vida de regreso a casa.

El trabajo que iba a tener, las cosas que iba a comprar, como iba a verme y lo que iba a lograr.

Como te conté en mi primer blog, las cosas no fueron ni por cerca de lo que había imaginado. Pase alrededor de un año sin trabajo y la vida glamorosa y mi película perfecta que había creado en mi cabeza parecía más bien una tragedia griega en la vida real.


Un día, uno de mis amigos me llamó y me hizo un par de preguntas… la verdad me emocione bastante cuando me pregunto si podía ir a su oficina, porque era la agencia adonde siempre había querido trabajar.


Para mi sorpresa no era para una oportunidad laboral, si no que era para ir a una encuesta de esas que te hacen mil preguntas de un producto y luego de estar ahí por horas, te dan algún “premio”.


Decidí ir por dos cosas, uno… por el premio, obvio. En ese momento de mi vida cualquier cosa gratis era más que bienvenida y dos, era una oportunidad que no podía dejar pasar para llevar mi hoja de vida y tener una esperanza de una puerta abierta.


Al llegar al lugar, me encontré con todo lo que imagine encontrarme. Me visualice llegando ahí todos los días, trabajando alrededor de marcas y mentes brillantes y que tantos años de estudio e inversión al fin valieran la pena.


Luego de acercarme a recepción a entregar mi “folder” y que lo hayan ignorado por completo, me senté a apreciar un desfile de personas que al verlas de lejos podías ver que eran importantes. Zapatos, ropa y carteras soñadas, buen porte. Veía a mujeres que calculaba de mi misma edad, perfectas, de pies a cabeza, que se les notaba que eran más que felices trabajando en una empresa de ese tipo. Completamente exitosas.


Y la verdad, me sentí mal.


No era envidia en su forma pura, pero si deseaba verme así.


Recuerdo haber cuestionado todo y preguntar: ¿Por qué ellas si y yo no?


Al hacerme esa pregunta, sentí a Dios hablándome en ese momento y fue increíble.


Su respuesta la escuche de nuevo en la canción de la que te hablaba al principio.


La canción dice: “Mi valor no está en lo que tengo, no está en mis fuerzas, ni en mis habilidades, ni en mis triunfos o derrotas, ni en mis orgullos ni vergüenzas, no está en mi fama, ni en mi nombre, ni en mi juventud o belleza, no está en mi riqueza ni en mi poder. Mi valor esta en esas heridas de amor hechas en la cruz, en esa sangre que me ofrece vida eterna. Me regocijo en mi Redentor, mi mayor tesoro, la fuente de mi alma. Confiaré en Él y en nadie más. MI ALMA ESTA SATISFECHA SOLO EN ÉL”


¿Por qué ellos sí y yo no?


Porque ellos sí y tú también.


Mi alma está satisfecha solo en Él.


 
 
 

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