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Mi vida como Marta

  • Foto del escritor: Eve M.
    Eve M.
  • 6 dic 2017
  • 3 min de lectura



Estas semanas mi taller ha estado cerrando su puerta entre las 12:00 am y 2:00 am.


A veces quisiera que el día tuviera 100 horas para lograr terminar todo, en especial la semana pasada. Luego de completar con éxito, quizá uno de mis proyectos más grandes hasta hoy y que durante el proceso todo lo que pudo haber salido mal, haya salido mal, me puse a pensar en si realmente disfrute hacerlo… y la verdad es que no. Pase más estresada de lo que pase feliz, pero valió mucho la pena porque me hizo recordar una lección que había borrado de mi mente. Una enseñanza que no debo de olvidar en medio de esta vida caótica. Sentí a Dios hablándome y diciéndome algo que no me señalaba ya hace bastante tiempo: ‘’María escogió la buena parte’’


Hace un par de años, me encontraba trabajando en un lugar que requería balancear tiempo tanto en la oficina como fuera de ella. Estábamos en un momento crítico en el que se tenían que terminar varias cosas y el tiempo estaba sobre nosotros. Vino el estrés al tratar de hacer todo ya y “para ayer”.


Uno de los requisitos de nuestro trabajo era construir relaciones fuertes con las personas a las que teníamos el honor de servir. Requisito? Eso sonaba más bien como un privilegio, pero entre tantas cosas y las responsabilidades de la vida, olvide que lo más importante era eso y que para que todo lo que estaba haciendo tuviera éxito, tenía que bajar el ritmo y enfocarme más en las personas y en el servicio hacia ellos. Sin importar cuanto trabajo tuviera encima, Dios iba a encargarse del resto (porque Él es así).


Éramos varios dentro del equipo de trabajo, y teníamos que ir a visitar a una familia que vivía bastante lejos. Debíamos viajar en carro aproximadamente 2 horas y caminar otras 2. Yo iba enfocada en mi lista, lo que iba a hacer y todo lo que nos faltaba para terminar. Cuando llegamos al lugar, comencé a hacer todo lo que necesitaba y cuando me di la vuelta, vi a uno de los de mi equipo de trabajo, sentado hablando y riéndose con uno de los miembros de la familia. En ese momento solo pensé… “No puede ser, no vamos a terminar hoy”. Justo ahí sentí a Dios diciéndome… “No. Yo soy el que no ha terminado contigo… pon atención, porque esa persona ha escogido la buena parte.”


Te comparto la historia de cuando Jesús visita a Marta y a María:


Aconteció que yendo de camino, Jesús entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.

Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.


A veces me siento atrapada en la rutina y no veo más allá que solo lograr mis objetivos, pero sé que Dios quiere más que eso para mí, sé que quiere que lo vea en medio de tantos afanes, reportes o tablas de madera. En ocasiones nos sentimos tan abrumados que hasta nos olvidamos que tenemos a un Dios sobrenatural dentro de nuestro equipo y que fue Él quien te puso en ese proyecto o en ese lugar… y es por algo, por lo tanto debemos tener un poco de fe y confiar que


Él nos va a equipar con todo lo que necesitamos. Él nos está tratando de enseñar o decir algo en medio de esta vida loca. Pueda que sea pequeño pero con un gran propósito, y si no bajamos el ritmo, nos lo vamos a perder.


Dios guía tu vida, no una agenda.


Así que en medio de nuestra vida como Martas que somos, tratemos de ser un poco más como Marías, detengámonos por un segundo e identifiquemos el verdadero objetivo de todo y quizá hasta el resultado final sea mejor porque agregamos un poco de amor a la formula.


Porque al fin y al cabo, solo una cosa es necesaria. Y es ÉL.

 
 
 

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